lunes, 25 de marzo de 2013

Los cinco minutos de la Madre Teresa Marzo 26


            ¡Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo! Cuando María escuchó este saludo de parte del ángel, quedó desconcertada y se preguntaba qué podía significar. Aun María, sin pecados y perfecta, se sintió desconcertada e incierta. No fue una estatua sin sentimientos humanos; en muchas cosas fue como ustedes y yo.
           Y entonces el ángel le dijo: No temas, María, porque no hay nada imposible para Dios. Concebirás un hijo y le pondrás por nombre «Jesús». Y María respondió: Yo soy la servidora del Señor; que se cumpla en mí lo que has dicho.    

domingo, 24 de marzo de 2013

Los cinco minutos de la Madre Teresa Marzo 25

                                                                                                                                                                          
          La Anunciación fue el día de la Primera Comunión de María. Ella confió en el Ángel con un amor profundo porque le traía Buenas Noticias; era el mensajero de Dios.    Este debe ser también nuestro espíritu.
          Piensen solamente en Dios todopoderoso en el seno de María. Guardado en ese lugar, Jesús tuvo que depender de la ayuda de su madre. Luego, clavado en la cruz, sin poder moverse, se abandonó a la voluntad del Padre. Y hoy, en el sagrario, completa su abandono total por Amor a los hombres.

Los cinco minutos de la Madre Teresa Marzo 24

            
           La parte más hermosa de la Redención comenzó de una manera muy humilde. Dios no envió a Gabriel al palacio de alguien importante y rico, sino a la pequeña casa de la joven María. Ella sólo le hizo una pregunta al ángel que le anunciaba que sería la madre del Salvador: ¿Cómo puede ser esto? Y cuando él se lo explicó, ella, llena de gracia, se ofreció a sí misma como la servidora del Señor.
          Este es el motivo por el que fue elegida, porque a pesar de ser la llena de gracia, también fue la llena de humildad.  No pensó en la gracia del Hijo de Dios que habitaba en sus entrañas. No se distrajo pensando en las alegrías y tristezas que habría experimentado como Madre de Dios y de la humanidad. Sólo pensó en cómo servir, en cómo llevar a cabo su vocación de servidora del Señor.